Para la Yaya

La Yaya with her grandchildren
La Yaya con sus nietos

Cuando uno es joven, es difícil ver más allá de su propia felicidad inmediata y más difícil aún apreciar lo que uno tiene. Poco a poco, uno se da cuenta del valor de ciertas cosas, como el amor de dos abuelas desde la infancia. Para los más jóvenes aquí, espero que os deis cuenta del privilegio que es tener a una bisabuela durante tanto tiempo.

Creo que el número de personas que han querido participar en esta ceremonia refleja la persona que era la Yaya y su manera de vivir la vida. Tenía una filosofía simple pero poderosa: “El secreto es no parar”. Tan fuerte era esa mentalidad que nos hizo creer a todos que sería eterna.

Nos deja con 106 años, después de dos pandemias y dos guerras, desde los primeros pozos en los Molinos hasta la era de internet y de los móviles.

Todo esto ya de por sí es impresionante, pero no es lo más importante hoy.

Hoy, no deberíamos estar tristes, al contrario, deberíamos celebrar a la persona que fue y dar gracias por el honor de haber aprendido tanto de ella durante todos estos años. Con su bondad y humildad infinitas y su generosidad y vitalidad excepcionales, nos ha enseñado a amar, a sufrir, a jugar, a cuidar, a reinventarnos. Y, por supuesto, nos ha dejado el mejor cocido de pelotas del mundo.

Pero sobre todo, nos ha enseñado a vivir. Y nos ha dado esa lección a base de cariño y sonrisas.

Solo tenemos una vida, toca aprovecharla como lo hizo ella. Cada día es una nueva oportunidad para hacerlo.

Como un pequeño homenaje, me gustaría compartir un breve fragmento de un poema que le escribí en 2022:

Dicen que se me ha ido la razón

Que eterno no es nadie

Pero lo eterno sigue para siempre

Dentro en el corazón

Será eterna dentro de nosotros, porque todos llevaremos siempre un trocito de ella en nuestro corazón.

¡Gracias por todo, Yaya! Te quiero mucho. Hoy y siempre…